viernes, 23 de marzo de 2012

corazón

                                                    que aguarda y
                                                        sostiene
                                                    y a los ojos
                                                      estremece
                                                         no calla

En suma un cuerpo erguido

Qué siga doliendo el alma que ansía
                                                   el silencio hecho espiga
en la finitud de los cuerpos
                                        sombra
casi a la altura de los molinos de viento
rozando las aspas
como rozando alas


Siempre hay un instante en el que aparece inevitable la lucha
y debe verse a todos los rostros bajo un mismo
                                                                       y acabado
                                                                                         esqueleto

La sorpresa persiste
casi como si fuera imposible creer y pretender ilusorio

Corazones
               inmersos en los cuerpos
que golpean tan fuerte como pueden o como ansían poder

                         una ventana
                         una puerta
                                        ¿quién sabe?
                        otro cuerpo que late henchido

miércoles, 21 de marzo de 2012

trova clásica

Son cuatro los niños que van de la mano
uno el mundo de sueños
y propio el nombre que acunó cuando descansaban en su vientre

¿entrañas?
¿vísceras?

             sangrantes que aguardaron y aguardan

cree en los cuatro rostros
y en muchos otros
                           acaso viscerales
en la escasa compañía de cuatro
ojos y pies caminantes sobre la vereda y el otro
                                                                       que desbordan
disparate de algarabía
manos y pies como alas de mariposas
ojos de frescura

y todo es ritual para el que ha crecido
y aguarda en la simple espera
                                            incomprensible
la simpleza
el día y la noche
el mundo de sueños y el nombre propio
                                                          que subyace

derechos

Hay siempre una canción que se canta
                                                         y cientos de oídos
y sobre sus pies aún el que cree
es hombre


Subyacen los gritos
la agonía

el santo canta aleluya
el adiós danza suspendido sobre la mueca del que destruye


Huelo el aire


una escaramusa de semillas
hieden en el charco

lejos
un niño mira
y juega a atrapar
los brotes

su risa
quiere el tiempo de un recuerdo

martes, 13 de marzo de 2012

inconexo

   El loco de la cuerda camina rápida y desprolijamente, se arrincona o apura las calles. Lo sigo con prudencia y observo su desfachatez. Veo su cara reflejada en una vidriera, los ojos ausentes. Siento el peso de sus recuerdos. No me hago preguntas, tan solo lo sigo. Siento miedo porque pienso que presiente el seguimiento. Creo que también siente miedo. Veo a personas que empiezan a mirar de reojo, quizá también sienten miedo, o tal vez curiosidad por saber cómo llegó a ese estado. Me detengo al cambiar el semáforo, pero el no. Un automovilista frena bruscamente y el loco no aguarda el insulto. No sé por qué, tal vez un gesto, pienso en una infancia áspera, una campana, mascotas irracionales.
   Quisiera encontrarlo de ahora en más. Reencontrar poco a poco, su historia, saber quién es y hacia dónde va. Aún me cuesta encontrarlo entre la muchedumbre.
   Pasan algunas semanas desde la última vez que lo veo. durante ese tiempo pienso en que me gustaría llevarlo de la mano y mostrarle los cientos de niños que no pasan hambre y contarle sobre muchas personas buenas.
   Después de un mes lo veo en la plaza. Estoy nervioso y no acierto con las palabras. Una pelota da en nuestros zapatillas, el dice algo de las mascotas irracionales y se va.
   Al día siguiente el me encuentra. Está pálido y no me dirije la palabra, sin embargo siento que escudriña. Otra vez los ojos ausentes. comienzo a llorar y corro con el cuerpo crispado hasta la casa.
   Por unos días evito salir. Ansío las caminatas, pero siento temor.
   Nadie escucha los golpes en la puerta. Yo, aguardo el insulto.