martes, 13 de marzo de 2012

inconexo

   El loco de la cuerda camina rápida y desprolijamente, se arrincona o apura las calles. Lo sigo con prudencia y observo su desfachatez. Veo su cara reflejada en una vidriera, los ojos ausentes. Siento el peso de sus recuerdos. No me hago preguntas, tan solo lo sigo. Siento miedo porque pienso que presiente el seguimiento. Creo que también siente miedo. Veo a personas que empiezan a mirar de reojo, quizá también sienten miedo, o tal vez curiosidad por saber cómo llegó a ese estado. Me detengo al cambiar el semáforo, pero el no. Un automovilista frena bruscamente y el loco no aguarda el insulto. No sé por qué, tal vez un gesto, pienso en una infancia áspera, una campana, mascotas irracionales.
   Quisiera encontrarlo de ahora en más. Reencontrar poco a poco, su historia, saber quién es y hacia dónde va. Aún me cuesta encontrarlo entre la muchedumbre.
   Pasan algunas semanas desde la última vez que lo veo. durante ese tiempo pienso en que me gustaría llevarlo de la mano y mostrarle los cientos de niños que no pasan hambre y contarle sobre muchas personas buenas.
   Después de un mes lo veo en la plaza. Estoy nervioso y no acierto con las palabras. Una pelota da en nuestros zapatillas, el dice algo de las mascotas irracionales y se va.
   Al día siguiente el me encuentra. Está pálido y no me dirije la palabra, sin embargo siento que escudriña. Otra vez los ojos ausentes. comienzo a llorar y corro con el cuerpo crispado hasta la casa.
   Por unos días evito salir. Ansío las caminatas, pero siento temor.
   Nadie escucha los golpes en la puerta. Yo, aguardo el insulto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario